Observan tres enormes «piedras oscilantes» en el cometa 67P 

Los científicos responsables del instrumento OSIRIS de Rosetta, han descubierto una formación inusual de rocas en la región de Aker, en el gran lóbulo del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko. A primera vista son una reminiscencia de las llamadas «piedras oscilantes» en la Tierra.
  

Según explica la Agencia Espacial Europea (ESA) en el blog de la misión, de los tres cantos rodados, el más grande tiene un diámetro de aproximadamente 30 metros. En la imagen, tomada el 16 de septiembre de 2014, destaca que este objeto sólo tenga un área de contacto con la superficie muy pequeña. Parece estar posada en el borde de una pequeña depresión.

«Habíamos notado esta formación en imágenes obtenidas anteriormente, sin embargo, en un primer momento los cantos rodados no parecían diferir sustancialmente de otros», ha apuntado el científico del equipo OSIRIS Sebastien Besse.

Las tres curiosas rocas se hallan en la región Aker del cometa 67P/C-G.
  

Los científicos han explicado que estas formaciones geológicas también se encuentran en la Tierra. Se trata de rocas en equilibrio que tocan el suelo con sólo una pequeña fracción de su superficie y, a menudo, se ven como si pudieran caerse en cualquier momento. 

Algunas se pueden hasta mecer un lado a otro y, por eso, se les llama «piedras oscilantes».

Muchas de estas rocas son también llamadas «erráticas» porque viajaron hasta su ubicación actual dentro de glaciares. En otros casos, el viento y el agua erosionan el material más blando en el lecho de las rocas, dejando atrás sólo el material más resistente.

POSIBILIDADES DEL ORIGEN

Una posibilidad de la formación de estas rocas en el cometa, según apuntan los expertos, es que los procesos de transporte relacionados con la actividad cometaria jugaron un papel importante, haciendo que dichas rocas se movieran de su sitio original y llegaran a una nueva ubicación.

A su juicio de Besse, la «interpretación de estas imágenes puede ser complicada». Dependiendo del ángulo de visión, iluminación o la resolución espacial se crean impresiones engañosas muy diferentes. Por ejemplo, en una imagen tomada el 16 de agosto de 2014, a una distancia de 105 kilómetros, una de las rocas más pequeñas parece que sobresale como un pilar. Sin embargo, esta impresión no se confirma en otra fotografía de la misma región tomada un mes más tarde a una distancia mucho más pequeña: 29 kilómetros.


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