Ya es oficial: España ha entrado en deflación


Cuando hace ahora casi cuatro años advertía del riesgo de que Europa se “japonetizara” (ver “La Japonetización de la economía occidental”), lo menos que me dijeron es que exageraba. Gramaticalmente, tienen razón quienes ahora utilizan el término “japonización”. Pero es que entonces no se hablaba del tema y tuve que inventarme un “palabro” que definiera el riesgo al que íbamos a enfrentarnos y cómo sacarle partido como inversores. Y como entre economistas se habla de “monetización”, por ejemplo, pues “japonetización” me pareció un término adecuado. Ahí me equivoqué. Pero me temo que en la previsión económica no.

El nombre es lo de menos. Con la publicación del dato de inflación de noviembre se cumplen seis meses consecutivos de IPC negativo, que es el plazo que se “respeta” técnicamente antes de declarar oficialmente un proceso inflacionista o deflacionista y, por lo tanto, ya no se puede andar con matices tipo “baja inflación”. España está en pura y dura deflación. Y no está sola.

Ahora veremos si la deflación española es benigna –corta y basada exclusivamente en la caída de los precios del crudo– o maligna –larga y motivada por una caída persistente de la demanda de bienes y servicios (en otras palabras: porque la gente no compra porque “mañana será más barato” o porque simple y llanamente no tiene dinero porque se ha ido a nuestra política fiscal modelo Edad Media, o está en paro)-. Y la distinción de si es por la gasolina o no, siendo importante, no hace de la deflación un fenómeno necesariamente positivo, porque el problema es el que acabo de mencionar: la gente pospone sus decisiones de compra o de inversión. Eso hace que las empresas, a su vez, pospongan sus planes de inversión. Y que reduzcan sueldos porque caen ventas y márgenes.

Con la publicación del dato de inflación de noviembre se cumplen seis meses consecutivos de IPC negativo, que es el plazo que se “respeta” técnicamente antes de declarar oficialmente un proceso inflacionista o deflacionistaY también por eso “pasan” de la ventanilla de crédito barato del BCE. No nos engañemos: al Black Friday seguirá el Red Monday o el Green Tuesday. Lo que sea para enmascarar la cruda realidad: o tiras los precios o no vendes. Las navidades darán un respiro, claro, pero la tendencia es la que es. Y como el IPC de diciembre y enero sea negativo, entonces quedará claro que incluso en épocas de gran consumo el que no baja precios no vende.

Igual que me criticaban por hablar de riesgo de “japonización”, me volverán a decir lo de que por qué va a ser malo que bajen los precios. Y yo volveré a insistir en que el problema de la deflación es que baja todo menos las deudas. Porque te bajen el sueldo o porque bajen las ventas y los ingresos de tu comercio, el banco no te a va a perdonar parte de la hipoteca. Ni los mercados le van a perdonar parte de la deuda pública al gobierno, aunque el PIB se estanque o se contraiga. Y, normalmente, la deflación va acompañada de recesión, como en la Gran Depresión de los Estados Unidos o en Japón. Hay excepciones a la regla, pero para mí que en Europa se dan más los parámetros de una deflación acompañada de bajo crecimiento o incluso de recesión.

Pero, hecha esta larga pero creo que necesaria introducción, vayamos a lo práctico: deflación es lo que hay y con deflación vamos a tener que vivir, ahorrar e invertir. Y como yo me dedico a la estrategia de inversión, me centraré en las dos últimas cuestiones.

Cómo ahorrar e invertir en un entorno deflacionista

El momento de actuar fue hace años, porque en los mercados hay que adelantarse, y en lugar de ir al “pan para hoy y hambre para mañana” del depósito al 4% (ver “Que error, que inmenso error”) lo suyo era “fijar” rentas, es decir, comprar un bono, del Estado o de una empresa solvente que, además de que dar un interés superior, seguiría dándolo ahora y durante algún año más. Siendo un bono, el vencimiento es a varios años vista, no anual, como ocurre con esos depósitos que ahora se renuevan al 0,5%.

Pero, como estamos donde estamos, utilicemos los instrumentos que todavía tenemos:

El inversor conservador tiene propuestas detalladas en el libro que acabo de publicar (“¿Y yo, que hago con mis ahorros?”) porque es a ese tipo de inversor a quién va dirigido. Cierto, estoy haciendo publicidad, pero es que en el libro está la respuesta completa. Aquí no tengo espacio para dársela entera. Pero, para quien no quiera comprárselo, ahí va una selección de ideas:

Aproveche los seguros de ahorro, es decir, el producto financiero con vencimiento a un año que comercializan las compañías de seguros, el equivalente a los depósitos bancarios al mismo plazo. Compañías españolas y multinacionales de primer nivel dan todavía un 2% anual. Y ya verán cómo las revisiones futuras seguirán dando mucho más que un depósito (no tengo espacio aquí para explicarles por qué, pero pueden contar con ello). Ya lo recomendaba en “Un 3% muy seguro” y sigo haciéndolo.

Ponga algo de renta variable en su vida. La rentabilidad media por cupón –dividendo- del Ibex 35 es del .. ¡4,5%! Sea “abuela”: compre un grupo de valores que nunca hayan reducido o eliminado el dividendo y siéntese a cobrar el cupón. También puede hacerlo con un fondo de inversión cuya gestión se centre en la obtención del dividendo. La idea es la misma y el tratamiento fiscal es mejor que pasar por Hacienda cada vez que cobre. Y por tener en su cartera un 10% o 15% en fondos o valores de renta variable no va a perder ni el sueño ni su patrimonio. Sobre todo si, insisto, se olvida de ellos –los valores y su precio de compra- y sólo se acuerda para cobrar el cupón. Como hacían nuestros abuelos.

El momento de actuar fue hace años, porque en los mercados hay que adelantarse, y en lugar de ir al “pan para hoy y hambre para mañana” del depósito al 4%, lo suyo era “fijar” rentas, es decir, comprar un bonoTodavía puede encontrar valores de renta fija –bonos– con buena liquidez de empresas europeas solventes cuyo cupón supere holgadamente el 2%. Estoy pensando, por ejemplo, en un bono de la empresa automovilística Fiat. Y en varias empresas españolas. Y piense que la rentabilidad real de un 2% nominal es mayor, ya que estamos en deflación, lo que aumenta el poder adquisitivo de ese 2%. Es decir, si el IPC es del –0,5%, por ejemplo, la rentabilidad real para su bolsillo es de un 2,5%. Es más: hablando con Gonzalo Ramírez Celaya, que lleva la sección de particulares de nuestra mesa de renta fija, veo que las posibilidades de “fijar” rentabilidades incluso más altas asumiendo un riesgo moderado son mucho más amplias de lo que pensaba. Y, por supuesto, se puede hacer exactamente lo mismo utilizando fondos de inversión. Pero asesórese bien, que no todos los fondos de renta fija son iguales. No le vayan a dar gato por liebre.

Al inversor-inversor, es decir, el que a cambio de obtener una rentabilidad superior está dispuesto a asumir riesgos, incluso de pérdida, le recomendaría que una parte de su dinero también fijara rentas, pero, sobre todo le diría que se hiciera esta pregunta: Ahora sólo hablamos de Grecia y cosas así, pero miremos un poco más allá: ¿Qué pasará cuando el personal se percate del impacto –positivo– que puede tener para la economía europea la conjunción de que a la caída del precio de la energía –que es como la bajada de impuestos que no ha hecho el Gobierno- se una el momento en el que el BCE entre en modo pánico al darse cuenta de que, de tanto pensar, se ha salido toda la pasta –de la deflación- del tubo y hay que emplearse a fondo para volver a meterla? Les verán remangarse y gritar “más madera” (QE).

Y esa madera será combustible para los mercados y el motivo por el que –esperemos– el periodo deflacionista de nuestras economías no sea japonés, sino europeo, es decir, corto y relativamente benigno. Recemos por que esta vez en el BCE hayan entendido lo de que deflación no es estabilidad de precios. Y más cuando hasta China ha entrado en un proceso desinflacionista –el Índice de Precios a la Producción (PPI) lleva la friolera de 30 meses en negativo y el IPC lleva meses a la baja, y eso es un nuevo elemento deflacionista para Europa-. Sí, lo han adivinado: porque les compramos muchas cosas y cada vez vendrán más baratas, metiendo presión al resto de empresas mundiales, españolas incluidas. Por si no metían ya bastante. El BCE y los gobiernos, gastando menos y bajando impuestos –ojalá- o lanzando planes pro crecimiento – peor idea, pero algo es algo- se van a tener que emplear a fondo. Y eso lo acabarán reflejando las bolsas europeas. Aproveche que ahora, ellas también están de rebajas.

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2 comentarios en “Ya es oficial: España ha entrado en deflación

  1. Yo tengo una idea mejor, saquemos todo lo que podamos de nuestros ahorros y que les den a los Bancas, Cajas y demás inversiones. Con mi dinero no se juega, mi dinero es mío y hago lo que me da la gana.

  2. Pero si llevamos la vida en deflación!!

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