Nikola Tesla: El hombre al que robaron el premio Nobel con 17 de sus patentes

“Señor Edison, vamos a utilizar su invento para encender el mundo. Y señor Tesla, vamos a utilizar el suyo como fondo de las películas de Frankenstein”. La frase es de la serie Padre de familia y se puede leer en una de las fases de la exposición Nikola Tesla. Suyo es el futuro que este jueves inaugura la Fundación Telefónica en Madrid, y que se podrá visitar hasta el 15 de febrero de 2015. Y es un ácido resumen de cómo la historia ha tratado al que fue uno de los inventores más importantes de finales del siglo XIX, sin el cual nuestro mundo sería muy distinto a como lo conocemos hoy.



Fue él quien sentó las bases de los sistemas modernos de potencia eléctrica y corriente alterna. “Tesla es el responsable del sistema que hoy utilizamos para distribuir y consumir la electricidad. Cada vez que enchufamos un aparato a la corriente en nuestras casas, estamos haciendo uso de sus inventos. Pero es que, además, él fue el primero en intuir un mundo interconectado en red como el que tenemos hoy”, explica Miguel Ángel Delgado, comisario de la exposición.

Junto a María Santoyo, Delgado ha organizado un paseo por la vida de Tesla en la que es el propio inventor el que cuenta sus ideas y proyectos. Son citas de sus textos los que guían al visitante. Tesla dejó una profusa documentación de sus ideas y de su propia vida, incluido el momento en el que un gato le cambió la vida, al descubrir que era la electricidad estática lo que erizaba su pelo.

Es en su vida personal donde comienza la exposición, y es posible imaginarle, ya adulto, con sus botas, su bombín y sus guantes, objetos personales que se han traído desde Belgrado para ayudar a imaginar a un personaje que fue presumido, cultivado y central en la vida científica y cultural de su época. Al menos, durante un tiempo.

“Tesla vivió una década dorada, la última del siglo XX, en la que era una figura reconocida por sus contemporáneos, participaba en eventos y tertulias, mantuvo polémicas públicas con Edison y los agentes financieros competían por adquirir sus patentes”, cuenta Delgado. Pero también fue injustamente ninguneado. “Le robaron. Fue el perdedor de una batalla empresarial contra Edison, que manejaba mucho mejor los medios de comunicación, y Marconi pirateó 17 de sus patentes y las utilizó para desarrollar la radio, por la que después ganó un Nobel”.

Más torpe y excéntrico en cuanto a detalles materiales que sus competidores, Tesla puso todo su empeño en desarrollar sus ideas, pero poco cuidado en registrarlas y defender su propiedad intelectual. Para ello contaba con George Scherff, su desdichado secretario, que trató de llevar cierta racionalidad a sus desarrollos y de sacarles algún provecho comercial. Fue en vano. De hecho, llegado un punto la situación se hizo insostenible y tuvo que aceptar otro trabajo, aunque, tal como recoge la Teslapedia (editada como complemento a la exposición), aún dedicó un día a la semana de forma gratuita a ayudar al inventor.

La exposición hace un repaso de lo que significaron sus inventos, tanto los que triunfaron como los que no. Hay una parte dedicada a sus experimentos en Colorado Springs con la bobina Tesla (ese fondo de película de Frankestein que decíamos antes), y otra a la torre Wardenclyffe, una construcción de 57 metros que sería la base de su Sistema Mundial, una red de torres que interconectaría nuestro planeta y permitiría transmitir de forma inalámbrica la información, las comunicaciones y la energía. “Decir que inventó el wifi es completamente exagerado, pero sí que tuvo la intuición de imaginar un mundo en red sin un centro concreto”.

Junto con el proyecto del Sistema Mundial y la bobina Tesla (con la que los visitantes podrán trastear para ver y sentir pequeñas y espectaculares descargas eléctricas) y otros inventos que transformaron nuestro uso de la energía eléctrica, la exposición presenta las Derivas y visiones de Nikola Tesla, invenciones descabelladas, propias de la ciencia ficción que nunca llegaron a tomar forma pero a las que el científico se refirió en varias ocasiones, como el rayo de la muerte, la máquina de terremotos o un sistema de control del clima que podría incluso ser utilizado como arma de guerra.

Estos delirantes inventos, junto con las conocidas manías de Tesla que empeoraron al final de su vida (su pasión por las palomas, a las que alimentaba profusamente, o su aversión al contacto físico, entre otras), han contribuido a la leyenda del científico loco y maldito que aún hoy perdura en la memoria popular pero que es sólo una parte de lo que Tesla fue y significó para su época y para el futuro.

Más allá de sus inventos

Además de sus ideas, las que triunfaron y las que no, y los objetos que le pertenecieron, la exposición hace un repaso por los que fueron sus contemporáneos, los personajes con los que convivió, polemizó y trabó amistad: el literato Mark Twain, que visitaba con asiduidad su laboratorio para interesarse por sus inventos; Thomas Edison, su gran rival, igual que el italiano Guglielmo Marconi; Katherine Johnson, la esposa de su amigo Robert Underwood Johnson, y por cuyas cartas parece que sentía más que amistad por Tesla, o Hugo Gernsback, editor de Amazing Stories, que estaba fascinado con Tesla y sus inventos, que recogió a menudo en su publicación.

Pero quizá la parte más sorprendente de la exposición es el mural TeslaPop, una instalación que recoge la extensa (extensísima) influencia de Tesla en la cultura popular: murales, videojuegos, películas, videoclips, cartelería, ilustraciones… Artistas de todas las disciplinas han recogido al personaje, su obra y su trágica historia y la han plasmado según su estilo.

Entre ellos, no podemos dejar de hacernos eco, está la cita que encabeza este artículo o un desternillante dibujo, titulado La pesadilla de Edison, en la que un enloquecido Tesla a lomos de un gato enorme y con una pistola de rayos persigue a un Edison obeso al que se sale una bombilla encendida de los pantalones.

En definitiva, un homenaje a un ingeniero e inventor genial cuyos propios demonios llevaron a la decadencia y al olvido, y cuyo nombre está empezando a recibir ahora el reconocimiento que merece. Y eso que, a todas luces, sería suyo. “El presente es de ustedes, pero el futuro, por el que tanto he trabajado, me pertenece”.

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